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Mallete y cincel, cincel y mallete. Las dos principales herramientas del Aprendiz, y también las dos primeras herramientas del hombre.

Mallete y cincelEl primer martillo no fue más que una piedra en la mano, una forma de poder golpear con más fuerza. La evolución natural añadió un mango a esa piedra para poder aumentar la fuerza aplicada sin un aumento del esfuerzo. Y el martillo o mallete se convirtió en un símbolo de poder, de fuerza, de autoridad.

El cincel vino con la evolución natural. La fuerza sin control no resulta útil, por tanto, se hacía necesario un instrumento que concentrase toda la fuerza que proporciona el martillo, que hiciese útil el esfuerzo, que lo dirigiese hacia el objetivo. Simboliza el conocimiento, la intencionalidad de nuestras acciones.

Una “piedra” y un “palo” fueron los primeros instrumentos de la humanidad, los cuales han permanecido hasta nuestros días con sus lógicas evoluciones en los materiales, pero sin grandes cambios en el diseño. Permitieron a nuestros antepasados trabajar la naturaleza que les rodeaba, y han mantenido esa función que nosotros utilizamos simbólicamente para trabajar nuestra propia piedra bruta.

Son dos individualidades pero que forman un único instrumento. Una unidad-dualidad inseparable. Solo los dos juntos, trabajando en armonía son capaces de llevar a cabo el trabajo. Si uno falla, el otro no puede trabajar. Esta dualidad material representa la dualidad mental sobre la que nos trabajamos interiormente.

Mallete y cincel, fuerza y dirección, energía e inteligencia. Solo sabiendo manejar y equilibrar en su justa medida cada una de estas dualidades podemos desbastar nuestra piedra, puliéndola, escuadrándola, mejorándola día a día.

De nada nos sirve la energía interior para hacer algo si ello no está bien dirigido a nuestro camino de mejora y evolución. Tampoco nos sirven las buenas intenciones si no pasamos a la acción. Esta acción es el principio activo, el martillo que descarga su energía, mientras que la determinación, la direccionalidad, el camino que nos marca la inteligencia y el conocimiento es el cincel del cantero, el que concreta el lugar y la dirección que aplicará la fuerza del mallete. El cincel recibe la energía y la transmite adecuándola al objetivo, lo cual le convierte en un elemento pasivo y activo a la vez. Recibe la energía del mallete y la concentra para que sea útil siendo un elemento activamente trasformador de la piedra.

Nuestros malletes son la fuerza, la voluntad, el querer hacer algo y tener la energía para hacerlo mientras que el discernimiento, la meditación, el conocimiento, la inteligencia y el estudio de las opciones ejercen la función catalizadora y concentradora del cincel interno. Si queremos trabajar nuestra piedra interior, necesitamos imperiosamente de ambos elementos, del principio activo y del pasivo, de la energía bien orientada, desbastando superficie de la piedra de la manera adecuada.

Nuevamente nos encontramos con la eterna dualidad: martillo y cincel, fuerza bruta e inteligencia, derecha e izquierda, activo y pasivo, masculino y femenino. Ninguno puede existir sin el otro pero cada cual es uno en si mismo. Y esa dualidad, simbolizada en las herramientas del Aprendiz, acompañará siempre en el camino al hombre, que dispondrá cada vez de menos fuerza vital para dar fuertes golpes con el mallete, pero a cambio tendrá mayor destreza en el manejo de un cincel más afilado y certero que intensifique mejor la fuerza disponible.

Todos hemos utilizado estas herramientas, incluso antes de saber que disponemos de ellas. En mi caso basta con echar la vista atrás y meditar sobre mi camino hasta llegar a compartir con vosotros, QQ.·.H.·., estos trabajos. La sensación de tener que hacer algo, esa necesidad de buscar algo que no sabía lo que era se repetía como un “martillo pilón” en mi cabeza hasta que la conveniente aparición del “cincel orientador” dirigió esa fuerza hasta la página web de nuestra Respetable Logia.

El desconocimiento de las herramientas de las que disponemos no implica que no las podamos usar, sino que incluso somos capaces de obtener pequeños resultados sin ser plenamente conscientes del “cómo lo hemos logrado”. Por supuesto, ahondar en el conocimiento y uso de las herramientas a nuestra disposición no hace más que facilitar el trabajo e ir consiguiendo resultados cada vez mejores.

Así, y solo así, nuestra piedra irá transformándose en un cubo que se acercará a la perfección, pero en el que siempre habrá trabajo por hacer, detalles por corregir y aristas que escuadrar.

 

Q:. H:. Nacho Gutiérrez
Aprendiz Francmasón
R:.L:.S:. Hermes Nº 13

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