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“Hola, soy masón”: una noche para descubrir los ‘secretos’ de la Logia

Fuente: El Español Los templos de la Gran Logia de Madrid están a quinientos metros del Santiago Bernabéu. El recogimiento, el silencio y la luz tenue, frente al ruido, los focos y el insulto al árbitro que no pita penalti. Un par de símbolos, dos columnas de piedra y una puerta de acero rompen el

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¿Por qué Franco odió tanto a los masones?

Nunca es tarde si la dicha es buena. Con este ánimo celebra la masonería española su asamblea ordinaria, este fin de semana en Madrid, con observadores de medio centenar de logias y orientes regulares del mundo. La reunión coincide con media docena de acontecimientos gozosos para la Gran Logia de España, que se han sucedido en

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Federico García Lorca, un masón llamado Homero

Hace unas semanas se daba noticia a todo trapo de un informe de 1965 de la Jefatura Superior de Policía de Granada en el que se revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como “socialista y masón”, a la vez que le atribuye “prácticas de homosexualismo”. Simplemente

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Los rastros de la masonería y las logias en Madrid

Artículo publicado en Qué! El Diccionario de la Lengua Española dejó de definir a la masonería como una “asociación secreta”, aquellas cuya existencia está expresamente prohibida por la Constitución Española, en 1978. Y en 1980 se inscribió a la Gran Logia de España en el Registro de Asociaciones de lnterior con el número 37.256. La Constitución protege a las

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Carta abierta de la Masonería a la Sociedad Española

Carta abierta a la Sociedad Española La Gran Logia de España, ante los profundos problemas que actualmente nos aquejan como sociedad, desea dirigirse por vez primera en su historia y de forma excepcional a todos los ciudadanos. Debemos reconocer, con humildad, que la Gran Logia de España ni tiene la capacidad ni le corresponde dar

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¿Cuál es el significado de los símbolos masónicos?

Artículo publicado en: ABC La organización basa su método de aprendizaje en la interpretación de símbolos ya existentes que emplean para transmitir valores morales El edificio de la Gran Logia de Madrid impone aún sin dar un solo paso al interior. La gran puerta plateada que no permite ver ni un resquicio del mundo masónico que se abre en la

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La Real Academia enmienda la definición de la Masonería

La Real Academia Española de la Lengua ha publicado la 23ª edición de su Diccionario, en el que ha enmendado la definición de la voz Masonería recogiendo por primera vez aspectos tan relevantes de su identidad como su vocación universal, su carácter iniciático, la búsqueda del conocimiento de uno mismo a través del librepensamiento y

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“Hola, soy masón”: una noche para descubrir los ‘secretos’ de la Logia

Fuente: El Español

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Los templos de la Gran Logia de Madrid están a quinientos metros del Santiago Bernabéu. El recogimiento, el silencio y la luz tenue, frente al ruido, los focos y el insulto al árbitro que no pita penalti. Un par de símbolos, dos columnas de piedra y una puerta de acero rompen el paisaje. Sus vecinos, un salón de belleza y un instituto dermatológico. El siglo XXI frente al XVIII –cuando nació la masonería– pared con pared.

Al abrir la puerta de la Logia aparece otra, tan hermética como la primera. “Lo hicimos así porque todavía sufrimos ataques”, relata un hermano masón que hace de cicerone. “Una vez intentaron entrar a hachazos para profanar los templos”.

La francmasonería sigue siendo un misterio para la mayoría. Todavía colea la coletilla que utilizaba Franco, la conspiración “judeo masónica”. El exterminio que ordenó el régimen casi deja a España huérfana de templos y esa desconfianza perdura en el ciudadano. Los más de 170 diputados masones que hubo en el Congreso durante la II República son tan sólo un recuerdo borroso; tan empañado que casi parece incierto.

La Gran Logia está de fiesta. Esta semana han vuelto a la isla de La Palma. Lo han celebrado con un desfile masónico, primera vez que ocurre en democracia. El año que viene los ritos cumplirán trescientos años. Pero, ¿qué hacen los masones en el templo? ¿Qué buscan? ¿Cuál es su objetivo? ¿La francmasonería es una religión? ¿Por qué Franco quiso acabar con ella? ¿Cuál es su secreto?

Los cuatro hermanos masones que comparten su experiencia.

Los cuatro hermanos masones que comparten su experiencia. Jorge Barreno

Al atravesar la entrada de la Logia aparece un salón de sillones mullidos y acolchados. Los apoyabrazos son tan anchos como británicos. La estancia, casi un club inglés. Adolfo, Manuel, Jesús y Miguel se sientan en torno a una mesa. No les importa contar su experiencia. La tertulia empieza como la de una reunión de alcohólicos anónimos: “Hola, soy Adolfo y soy masón”.

Pertenecen al 23% –datos de un barómetro interno– de los miembros de la Gran Logia de España que dicen vivir su condición de forma totalmente abierta. Un 61% también se descubre, pero sólo a personas elegidas cuidadosamente. Además, un 66% de los hermanos percibe en la sociedad expresiones generalizadas de aversión hacia la masonería.

EL EXTERMINIO DE FRANCO

En este punto, aparece Francisco Franco. En 1936, el bando sublevado ordenó la aniquilación de los francmasones. Tres años más tarde, terminada la Guerra, el régimen creó tribunales especiales con el único objetivo de eliminar la institución. La cacería fue tal que el franquismo acumuló 80.000 fichas acusatorias, cuando en España no había más de 5.000 masones.

¿Por qué odió Franco la masonería? Un hermano relata que el general, cuando vivió en Larache, intentó formar parte de una Logia. Se le denegó el acceso en un par de ocasiones. “Esto no se ha comprobado con certeza, pero hay testigos oculares que así lo relataron y, por otro lado, los papeles de la orden de Larache se destruyeron. Un poco raro, ¿no crees?”.

Adolfo Yáñez es masón desde hace veinte años.

Adolfo Yáñez es masón desde hace veinte años. Jorge Barreno

¿Ustedes perciben el odio de la sociedad? “No de forma directa”, explica uno. “Viene de sectores muy concretos. En realidad, lo que notamos es que la sociedad no se moviliza ante ese odio. Se mantiene al margen porque desconoce qué es la masonería”, añade otro. “Sí, es más por ignorancia que por discriminación”.

Una de las estampas que mejor dibuja el escepticismo del ciudadano respecto a la masonería es la comparación entre España y Estados Unidos. “En Norteamérica, quien pertenece a una Logia lo pone en el currículum porque es símbolo de honestidad. Aquí estamos a años luz de eso. Quizá tenga que ver con que muchos de sus presidentes hayan sido masones”, resumen. También salen otros nombres que pertenecieron a esta orden de origen ancestral: Mozart, Chaves Nogales, Azaña, Franklin, Napoleón, Churchill…

“AQUÍ NO HACEMOS PROSELITISMO”

“Puedes preguntar lo que quieras”, coinciden los cuatro. Sentados con una mesa en medio y mirando a la cámara, no ponen pegas a la conversación. Los masones responden, pero no se publicitan. Quizá de ahí el desconocimiento generalizado. “Es verdad, a diferencia de otras instituciones, no hacemos proselitismo. Aquí viene el que quiere y se le atiende, pero no llamamos a la puerta”.

¿Por qué se hicieron masones? Como respuesta, una contradicción. Las explicaciones son tan diferentes como similares. Todos ellos mencionan en repetidas ocasiones “la búsqueda interior”, pero cada uno tomó la decisión en base a distintas circunstancias vitales.

Las espadas se utilizan en algunos de los ritos.

Las espadas se utilizan en algunos de los ritos. Jorge Barreno

Adolfo habla de la “necesidad de encontrar valores que le permitan vivir con dignidad y huir de la uniformización”. Manuel se atiene al “enriquecimiento que supone caminar en una búsqueda permanente”. Jesús se refiere al “hallazgo de la identidad” y Miguel, arquitecto, revela que se vio atraído por la gran cantidad de símbolos masónicos, presentes en muchas construcciones de renombre.

Los cuatro se definen de forma abstracta y reposada. Con un chascarrillo podría describirse al masón como aquel que frena cuando ve el semáforo en ámbar. “Es verdad –bromea uno de ellos– desde que entré, conduzco más despacio”. Con la Constitución en la mano, se podría recitar: “La francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un poder supremo expresado bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo. Sus principios se resumen en dos máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti mismo (…) Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad”.

“NO ES UN SUSTITUTIVO DE LA RELIGIÓN”

¿Es un sustitutivo de la religión? “No”, responden casi al unísono. Cada uno puede ponerle el nombre que quiera a ese “gran arquitecto del universo”. De hecho, a tenor del barómetro de la Logia un 34% se define como cristiano, un 14% se considera católico romano y un 35% dice ser espiritual, sin adscribirse a ninguna religión en concreto. También los hay budistas o musulmanes, aunque en porcentajes residuales.

Comparación entre el CIS y el barómetro de la Logia.

Comparación entre el CIS y el barómetro de la Logia. Nicolás Pérez

¿Se trata de un movimiento político? “Tampoco”. En los ritos se impone a los miembros el respeto a las opiniones ajenas y se les prohíbe toda discusión política o religiosa a fin de constituir un “centro permanente de unión fraternal”.

Otro de los templos de la Logia de Madrid.

Otro de los templos de la Logia de Madrid. Jorge Barreno

Preguntar a un masón con tiempo limitado es arduo, una especie de ‘rascar’ muy poco a poco. “Es como si le pides a un cura que explique por qué cree en Dios en cinco minutos”.

Los masones miran distinto, pero son parte de la sociedad y no se reúnen de forma endogámica. Participan en los ritos una o dos veces al mes. Según el CIS, tan sólo el 1% de los españoles cree que la crisis de valores es el problema más grave, frente al 14% de los masones, que lo equiparan al paro o la corrupción.

Los masones dan mucha importancia a la crisis de valores.

Los masones dan mucha importancia a la crisis de valores. Nicolás Pérez

Sus aficiones están en las antípodas de las del ciudadano corriente. Como muestra, un botón: el 42% de los hermanos asegura haber leído el Quijote de cabo a rabo.

Diferencia entre las aficiones de los masones y el resto de la sociedad.

Diferencia entre las aficiones de los masones y el resto de la sociedad. Nicolás Pérez

LA CÁMARA DE REFLEXIÓN

Si no se trata de una religión ni de un movimiento político, ¿en qué consiste un rito? Con el objeto de desmitificar la oscuridad con la que se ha venido rodeando la masonería, los cuatro deciden afrontar parte de esta conversación visitando los templos.

Al bajar las escaleras, una habitación de paredes blancas con un par de máquinas de Coca-Cola, varias mesas y decenas de sillas. “Aquí se terminan los ritos con un ágape”. ¿Qué significa eso exactamente? “Cenamos todos juntos de un modo especial. Cada hermano aporta una plancha –una especie de documento– que le sirve como guía para exponer un discurso acerca de un tema concreto. Los demás escuchan y luego completan con otras intervenciones. Eso sí, desde el respeto y sin caer en la crítica”.

Miguel Colmenares es arquitecto y masón.

Miguel Colmenares es arquitecto y masón. Jorge Barreno

En el hueco de la escalera se encuentra la cámara de reflexión, que no se enseña a las visitas. Es una habitación oscura, antiguamente situada bajo tierra, en la que los futuros aprendices afrontan una prueba: enfrentarse a sí mismos a la luz de una vela y una calavera. Una especie de reflexión acerca de la finitud del hombre y la búsqueda de lo trascendente.

“Antes de eso, quien quiera convertirse en aprendiz debe pasar una especie de entrevista de trabajo. Aceptamos a todo aquel que sea libre y de buenas costumbres”. ¿Qué preguntas suelen hacerse? “Las que se le ocurrirían a cualquiera con sentido común. Hablando en plata: no aceptaríamos a una persona condenada por estafar y robar dinero a toda su comunidad de vecinos”.

EL SECRETO MASÓNICO

En caso de que esta persona lograra ser aceptada por la masonería, comenzaría a participar en los ritos. En este punto, es difícil concretar. “¿Para qué lo vamos a contar? Es como si quisieras conocer el final de la película antes de verla”. La globalización e internet han roto lo que algunos llamaban “secreto masónico” porque cualquiera que quiera es libre de indagar. “Incluso en ese caso, se aburrirán porque un rito tiene un sentido distinto para cada uno”.

El templo situado a la izquierda es rojo. El suelo parece un tablero de ajedrez. Hay tres columnas en el centro, un altar y un piano eléctrico. A la puerta, decenas de espadas. Sí, espadas, como las medievales. “Son parte de algunos de los ritos”.

Sin entrar en detalles porque así lo estipula la Gran Logia, los hermanos presentes describen sus ritos como una especie de ambiente de “psicodrama” que permite a cada uno bucear en su interior y aislarse del mundanal ruido. ¿Y eso cómo se hace? “Bueno, trabajamos con símbolos muy antiguos. Cada uno los interpreta de forma distinta. Por eso no tiene sentido explicar qué es lo que hacemos. Cada persona le encuentra una motivación diferente. Por eso hablar de secreto masónico es una tontería”.

La gran Logia de Madrid.

La gran Logia de Madrid. Jorge Barreno

A la derecha, otro templo un poco más grande. No tiene nada que ver con el anterior. Las paredes son de un azul celeste y hay más sillas. Dos escenarios distintos para diferentes ritos. En España, los más habituales son el ‘Escocés antiguo y aceptado’ y el de ‘Emulación’, aunque también se practican otros como el ‘Francés moderno’. “El trasfondo es el mismo, pero cambian los símbolos a interpretar”.

Son casi las once de la noche. Los hermanos se despiden con un abrazo y tres besos. ¿Y eso por qué? “La trinidad, aquí todo son símbolos, dale una vuelta”. Mañana madrugan. Abandonan la Logia en coche. No visten túnica ni levitan. Simplemente buscan, con todo lo que eso significa.

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¿Por qué Franco odió tanto a los masones?

Franco y la Masonería

Nunca es tarde si la dicha es buena. Con este ánimo celebra la masonería española su asamblea ordinaria, este fin de semana en Madrid, con observadores de medio centenar de logias y orientes regulares del mundo. La reunión coincide con media docena de acontecimientos gozosos para la Gran Logia de España, que se han sucedido en los últimos meses. Demuestran cómo, poco a poco, la organización perseguida con saña por la dictadura franquista, hasta el punto de decretar su exterminio, va reponiéndose de los espantajos que la señalaron como uno de los peores enemigos de España. “El contubernio judeo masónico”, dijoFranco en septiembre de 1975, en su último discurso desde el balcón del Palacio Real, en la Plaza de Oriente. Muerto el dictador apenas cincuenta días después, la transición hacia la democracia fue lenta, pero supuso pronto la legalización de todo lo que execraba el régimen totalitario: partidos políticos, sindicatos, cientos de confesiones religiosas, los derechos de reunión y manifestación, las autonomías… La masonería hubo de esperar hasta mayo de 1979, y ello por sentencia de la Audiencia Nacional contra una insólita resolución del Ministerio del Interior denegando la inscripción en el registro de asociaciones.

Aún hoy se oyen voces contra los masones, presentados en España como una organización secreta y malvada. En 2005, el papa emérito Benedicto XVI dijo que la masonería “es pecado”, e igual, o peor, opinión ha expresado su sucesor, Francisco. “En esta tierra a finales del siglo XIX las condiciones para el crecimiento de los jóvenes eran pésimas. Esta región estaba llena de masones, comecuras, anticlericales y satanistas”, dijo el pontífice argentino en un encuentro con jóvenes en Turín en septiembre del año pasado. Semanas más tarde, una diócesis española suspendía a uno de sus sacerdotes por ser masón y una revista católica, Infovaticana, acusaba a la organización de matanzas y crímenes de todo tipo. La Gran Logia de España se tomó las ofensas con ironía, a través de su publicación de referencia, ‘El Oriente’. Lo hizo presumiendo de que tres de los grandes fabricantes de coches fueron masones, Henry Ford, los hermanos Chrysler y Andrés-Gustave Citröen. Presentó la cosa así: “Critica el contubernio con fundamento. ¿Quieres un argumento real para alimentar la masofobia? Sin los hermanos Chrysler, Ford y Citröen no habría atascos”.

Llegan los desagravios, poco a poco. El Colegio de Abogados de Madrid ha rehabilitado en enero pasado la memoria de 61 de sus colegiados, expulsados del colegio en 1939. El acuerdo intenta “cerrar heridas que jamás deberían haberse producido”, dice en un comunicado. Entre los rehabilitados está lo más granado del foro nacional en aquellos años, todos fallecidos, algunos ante el pelotón de fusilamiento, la mayoría en el exilio, sin poder regresar a España. He aquí algunos nombres: Jiménez de Asúa, Miguel Maura, Álvaro de Albornoz, Eduardo Ortega y Gasset, Ángel Ossorio y Gallardo, Ángel Galarza, Manuel de Irujo, Victoria Kent, Pedro Rico, Manuel Azaña, Augusto Barcia, José Bergamín, José Prat, Niceto Alcalá-Zamora, Demófilo de Buen….

También el Senado ha puesto este año una primera piedra para reconocer que la masonería también debe figurar en la memoria de los varios holocaustos perpetrados por los totalitarismos del siglo pasado. Por vez primera desde que la ONU impulsó el Día oficial de la Memoria del Holocausto, el Senado invitó a la Gran Logia de España a participar en el acto de conmemoración que tuvo lugar en la Cámara Alta en enero pasado. Fue el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, verdadero protagonista de ese homenaje, quien reclamó que dos representantes de la Gran Logia, el gran maestro Óscar de Alfonso y el director del gran consejo rector, Jesús Gutiérrez Morlote, participasen en el mismo.

Y aún otro motivo de satisfacción, quizás el más deseado: Pese a las gruesas palabras del papa Francisco contra los masones, el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Colegio Pontificio para la Cultura, acaba de publicar un artículo enL’Osservatore Romano con el título ‘Queridos Hermanos Masones’, invitando al diálogo entre la Masonería y la Iglesia Católica. La masofobia del famoso contubernio se está derrumbando por el flanco religioso.

Los masones no han parado de reivindicarse en los últimos cuarenta años, aunque con escasa fortuna. La última Conferencia Mundial de Grandes Logias Regulares, celebrada en San Francisco (California) el otoño pasado, debatió el caso: el enigma de una masonería nacional sometida todavía a vejaciones. “Nuestro país ocupa un lugar muy destacado en la historia de las persecuciones que hemos sufrido, pero no reside ahí el enigma. Los masones que nos visitan, que presumen con naturalidad en sus países de esa condición, se dan cuenta de que la España democrática no ha hecho ningún esfuerzo para restituir la honorabilidad a la institución”, afirma su máxima autoridad, con el título de Gran Maestro, el abogado valenciano Óscar de Alfonso Ortega. “Que tus acciones, y no tus palabras, hablen por ti”, es el lema este año del boletín de la Gran Logia de España.

Óscar de Alfonso Ortega acudió a la cumbre de San Francisco con una responsabilidad extraordinaria: además de líder de los masones españoles, preside desde el verano pasado la Confederación Masónica Iberoamericana, una de las organizaciones regionales más importantes de la masonería mundial, con 10.400 logias de 25 países y más de 350.000 miembros. “Para la masonería española, compuesta por apenas 3.000 personas, esa elección para un mandato de tres años, además de un honor, servirá para fortalecer nuestra Orden aquí y a nivel internacional”, dice.

Otoño de 1958 en el palacio del Pardo, en Madrid. Dos senadores y un alto militar estadounidenses, recibidos por el generalísimo Francisco Franco, sondean al dictador sobre sus intenciones ante una más que probable visita a España del presidente de Estados Unidos, el general Dwight D. Eisenhower. ¿Cómo sería recibido, con qué garantías, con qué intenciones? Franco se explaya, eufórico: Hay que exterminar la subversión comunista, quiere ayudar a Estados Unidos en su combate contra la Unión Soviética, aspira a afianzarse como reserva espiritual de Occidente, hay que acabar con la masonería… Un senador le corta: “Señor, el presidente Eisenhower es protestante, yo soy masón y mi colega en el Senado es judío. Los tres estaríamos en la cárcel en este país”. El militar, el aristócrata Eugene Vidal, instructor aeronáutico en la famosa academia West Point,remachó con saña. “No, no, excelentísimo señor. Yo soy también masón y aquí estaría fusilado”. El relato de la entrevista lo hizo, años después, el político y gran escritor Gore Vidal, hijo del militar Eugene Vidal y nieto de otro senador de EEUU, Thomas P. Gore.

Franco se quedó lívido. Pero se deshizo en promesas. Nada le importaba más que pasearse por las calles de Madrid con el líder de una potencia mundial, que finalmente llegó a España un año más tarde, el 21 de diciembre de 1959.

Sería el culmen de una lenta aceptación internacional, que se inició con el reconocimiento temprano del Estado vaticano. Para entonces, el régimen nacionalcatólico había permitido la apertura de unas pocas iglesias protestantes (por cierto, con la airada protesta de los obispos de entonces: “Jamás conceder los mismos derechos al error que a la verdad”, escribieron en una pastoral conjunta). También empezaron a regresar a España algunas familiar judías. Con los masones no hubo tregua. Fueron exterminados de raíz, o eso creía la dictadura. Sin que los historiadores hayan encontrado una causa razonable (quizás detestaba a su padre y al hermano Ramón, notorios masones; quizás porque había sido rechazado él mismo por una logia), Franco fue un perseguidor implacable, criminal, de la famosa orden iniciática universal. He aquí un dato extravagante, si no fuera trágico: Pese a no haber en 1936 más de 5.000 asociados a la masonería, a lo sumo 6.000, la ley para la represión de la Masonería dio paso a casi 18.000 procesos, culminados en el pelotón de fusilamiento, en años de cárcel o en un exilio exterior o interior después de ser desposeídos de sus bienes.

La transición hacia la democracia fue lenta entre 1975 a 1982, sobre todo para la masonería. Recuperadas todas las libertades que definen a un Estado moderno, los masones tuvieron que acudir a los tribunales para recuperar la suya. El Ministerio del Interior les denegó dos veces la inscripción en el registro de asociaciones, que ganaron en mayo 1979 mediante una severa sentencia de de la Audiencia Nacional. El ministro que avaló la decisión de marginar a los masones fue Rodolfo Martín Villa (en el cargo entre julio de 1976 a abril de 1979), aunque el pleito se sustanció siendo ministro el teniente general Antonio Ibáñez Freire, condecorado antes con la Cruz de Hierro por sus actos de servicio a Hitler en la División Azul.

Hubo un tiempo en que la masonería española fue numerosa y poderosa. Sólo en la primera legislatura de la II República se sentaron en las Cortes 135 diputados del Grande Oriente y 16 de la Gran Logia, o sea, 151 sobre 470 parlamentarios. Fue, con mucho, la minoría más numerosa. Con alguna razón se dijo que la República fue en gran medida una operación masónica. Masones fueron seis presidentes del Consejo de Ministros (Manuel Azaña, Francisco Casares, Diego Martínez Barrio, Manuel Portela, Ricardo Samper y Alejandro Lerroux), 20 ministros y 14 subsecretarios. Y masones eran 21 generales, entre ellos Miguel Cabanellas.

La fuerza de la masonería no era una excepción en Europa y América. Cuando la humanidad acabó con la intolerancia de todo tipo, sobre todo la religiosa, y se impuso la Ilustración en el llamado Siglo de las Luces, el XVIII, los masones se multiplicaron. Lo fueron, por ejemplo, los grandes libertadores americanos, el cubano José Martí, los estadounidenses George Washington y Benjamin Franklin, el venezolano Simón Bolivar, el mexicano Benito Juárez, el cubano José Martí…), y también Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill, sin hablar de grandes pensadores, artistas y escritores.

Fuente: El País

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Federico García Lorca, un masón llamado Homero

Lorca Masonería

Hace unas semanas se daba noticia a todo trapo de un informe de 1965 de la Jefatura Superior de Policía de Granada en el que se revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como “socialista y masón”, a la vez que le atribuye “prácticas de homosexualismo”. Simplemente es la certificación oficial del régimen franquista, una de las pocas explicaciones oficiales del asesinato del poeta. Por lo demás, ya había informes, algunos de ellos publicados por el periodista y falangista Eduardo Molina Fajardo en su libro póstumo Los últimos días de Federico García Lorca. Se expresan las mismas causas y se reitera la condición de masón de Lorca.

El documento, fechado en Granada el 9 de julio de 1965, señala que Lorca era “un masón perteneciente a la logia Alhambra en la que adoptó el nombre simbólico de Homero, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma”. Idéntico apunte se encuentra en algunos documentos de esta sociedad, entre ellos una lista con los nombres de los masones, reproducidos en el libro de Molina Fajardo. Esta lista, en la que aparece el nombre del poeta, se suma al expediente de responsabilidades políticas seguido contra García Lorca, bajo el número 630, de 1940. En unas diligencias abiertas por la comisaría se confirma la pertenencia del autor de Yerma a la masonería.

Según el investigador Francisco López Casimiro, García Lorca mantuvo una estrecha relación con algunos masones como Fernando de los Ríos, quién llegó a considerar a Federico “su hijo espiritual”. Otros ‘hermanos’ amigos de Lorca fueron Francisco Callejón (íntimo del poeta), José Raya, Constantino Ruiz Carnero, José Villoslada, Alfredo Daneo y Francisco Callejón. También contó entre sus amistades con algunos miembros de la logia Alhambra en 1927: Gabriel Bonilla, Virgilio Castilla, Luis Fajardo, Joaquín García Labella, José Megías Manzano, José Murciano, Enrique Rodríguez Santos y Francisco Vera Guglieri.

La adscripción del poeta a la masonería fue también uno de los motivos que expuso el destacado miembro de la CEDA y periodista para solicitar la detención del autor de Bodas de sangre. La versión fue confirmada por la actriz Emma Penella en una de las pocas ocasiones que habló de esta cuestión. Señaló que los motivos que argumentó su padre, Ramón Ruiz Alonso, en la denuncia que redactó contra García Lorca fueron “por ser el secretario de Fernando de los Ríos, por rojo y por masón”. Aquella denuncia, a día de hoy todavía desaparecida, es el documento lorquiano más buscado. Le costó la vida al poeta.

Más pruebas de la condición de masón del poeta han sido aportadas por el investigador lorquiano Miguel Caballero en el libro Lorca en ÁfricaCrónica de un viaje al protectorado español de Marruecos. El viaje que el poeta llevó a cabo al Norte de África es “la consecuencia de una serie de invitaciones que Fernando de los Ríos recibe de grupos masones. Estaban enviadas a Jugan, que era su nombre en la masonería. Algunas de estas cartas fueron luego utilizadas como pruebas de cargo por el Tribunal Especial para la Masonería y el Comunismo”, escribe Caballero. Un dato importante de la investigación de Caballero es la confirmación de que Federico trabajó para el gobierno republicano como colaborador del socialista Fernando de los Ríos. Este documento de su adscripción a la República destaca la afinidad del poeta con el socialismo de su mentor, una condición reflejada en la denuncia. Su filiación o simpatía política con la república, su condición de ‘funcionario’ merman aquellas teorías y tesis que señalan a rencillas familiares y entre caciques granadinos como causas del asesinato.

Está confirmado que los masones granadinos conocían la identidad de Homero. En la antesala de la muerte, en Las Colonias de Víznar, lugar al que conducían a los que iban a ser asesinados, se encontraba también un grupo de masones a quienes se les había ‘perdonado’ la vida a cambio de que hicieran de enterradores de los ejecutados y otros trabajos al servicio de las tropas sublevadas. Hasta hace no pocos años, los descendientes de aquellos enterradores sepultados en vida por el régimen franquista guardaron silencio sobre un pasado vinculado a la masonería y sobre lo ocurrido en relación a Federico García Lorca. Una muestra titulada La maleta de Penón, donde se exhibieron los documentos sobre la investigación del escritor hispanoestadounidense, reveló nuevos datos. Uno de los descendientes de aquellos masones rompió el silencio. Dos miembros de esta familia, que habían pertenecido a la masonería de la ciudad de la Alhambra, pudieron escapar del pelotón de ejecución trabajando como enterradores en Víznar y Alfacar. Allí coincidieron con Manuel Castilla Blanco, ‘Manolo El Comunista’, y otros masones, todos ellos identificados como la Escuadra de Juan Simón, nombre que tomaron irónicamente de la canciónLa hija de Juan Simón.

La noche del 18 al 19 de agosto de 1936 supieron que estaban dando sepultura a Federico García Lorca junto a otras víctimas. Algunos de los trabajadores de la Escuadra de Juan Simón reconocieron al poeta y decidieron conservar un distintivo en el cuerpo de Lorca por si alguna vez podían ser rescatados sus restos. El testimonio contradice la versión de estos hechos que uno de los ocho masones que fueron ‘destinados’ a Víznar, el barbero Antonio Mendoza Lafuente, dio en 1955 a Agustín Penón y posteriormente, entre 1969 y 1970, a Molina Fajardo. Mendoza Lafuente indicó a los dos investigadores que el grupo de masones fue trasladado a Víznar un 24 de agosto y de este modo no podían haber presenciado el asesinato de García Lorca. Penón se interesó por las causas de la detención de Mendoza, quien le contestó: “Ser masón es el mayor delito que se puede cometer en esta España nuestra”.

Cuando en un lejano 4 de agosto de 1936, ya declarada la Guerra Civil, se denunció que existía un templo masónico en el hotel Reúma, inmediatamente empezaron a detener a los integrantes de la sociedad. A diecisiete de ellos los llevaron juntos a la comisaría, donde fueron recluidos todos en una habitación muy pequeña hasta el día 24, víspera de San Luis rey de Francia, en que los trasladaron de lugar. Y a un grupo formado por ocho de estos masones, entre los que se encontraban los más jóvenes, se le trasladó a Víznar. Mendoza refiere el miedo terrible que pasaron en aquel trayecto que hicieron en coche hasta Víznar creyendo que les iban a fusilar. Al llegar a Las Colonias les preguntaron que si querían cenar; todos dijeron que no. Su sorpresa fue al comprobar que no les dejaban en la sala baja, en donde aguardaban los que iban a ser fusilados, sino que les subieron a un dormitorio de los que había en el piso alto para que pasaran la noche, aunque les advirtieron que no debían asomarse a las ventanas, que ellos dejaron abiertas de par en par, pues fue una liberación que entrara el aire limpio de la noche después del hacinamiento que, durante veinte días de calor asfixiante, habían padecido en el encierro de la comisaría.

A la mañana siguiente, muy temprano, les repartieron los picos, palas y espuertas para empezar su trabajo. Los prisioneros eran destinados a construir fortificaciones y arreglar caminos y carreteras. En aquella misma mañana también supieron que otro de los trabajos que les estaba reservado a los prisioneros era el de enterradores. Y en el amanecer de ese día ya cavaron la sepultura de diecisiete fusilados, en las cercanías del barranco donde empezaban a tener lugar las ejecuciones. Anteriormente los fusilamientos se habían realizado, primero en el camino de la Alfaguara y después cerca de Fuente Grande, en donde mataron a Federico García Lorca.

A los masones que llegaron al ‘barranco de la muerte’ se les afeitó la cabeza y se les colocó el mandil masónico como signo infamante. Aquellas personas fueron: José Rivas Rincón, Manuel Plaza Caro, Antonio Henares, Antonio Mendoza Lafuente, Francisco Jiménez Bocanegra, José Lopera Vaquero, Fernando Fernández García y Francisco Moral Galán. De todos ellos, únicamente este último, Moral Galán, reclamado por una denuncia primero desde su pueblo Güéjar Sierra y meses más tarde también desde Granada, fue fusilado. Los otros siete masones siguieron prisioneros en Víznar logrando sobrevivir. Y se da el caso de que a mediados de septiembre el mismo jefe de la guarnición, José María Nestares, ya había intervenido en su favor ante el arzobispo Agustín Parrado mencionando la conducta ejemplar de estos prisioneros en el terrible trabajo que se les impuso.

El silencio se impuso a estos masones supervivientes e incluso a sus descendientes. Algunos de ellos agradecidos con aquellas personas que los salvaron de morir asesinados y otros todavía consideran una mancha familiar o un secreto inconfesable su pasado masón.

Fuente: Granada Hoy

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Los rastros de la masonería y las logias en Madrid

Masonería en MadridArtículo publicado en Qué!

El Diccionario de la Lengua Española dejó de definir a la masonería como una “asociación secreta”, aquellas cuya existencia está expresamente prohibida por la Constitución Española, en 1978. Y en 1980 se inscribió a la Gran Logia de España en el Registro de Asociaciones de lnterior con el número 37.256. La Constitución protege a las asociaciones -a la masonería también- y reconoce la actividad pública de las logias al servicio de la sociedad. Después de 300 años su historia y su huella están diseminadas por las grandes ciudades españolas como Madrid

Las logias modernas se instalaron en España a mediados del siglo XVII y su historia entre nosotros se puede ‘caminar’ siguiendo sus huellas para observarlas con los ojos bien abiertos. Desde Cádiz, a Sevilla, pasando por Barcelona, Zaragoza o Palma de Mallorca, los masones dejaron una senda de pistas que dan fe de su pasado dorado “que incluiría el último tercio del siglo XIX y hasta el reinado de Alfonso XII”, tal y como describe Juan José Morales, profesor de Historia Contemporánea de la UNED.

Centrándonos en Madrid, ciudad en la que en abril se celebra la Asamblea de la Confederación Masónica Interamericana, y en la que tiene su templo la Gran Logia de España, mayoritaria entre los poco más de 4.500 masones del país, un simple paseo puede mostrarnos diseños, elementos, figuras y proporciones que son inequívocamente plasmación del mundo masón y sus ideas. Se muestra así un pasado mucho más fructífero para las logias, muchos de cuyos hermanos y maestros eran miembros de la de la clase dirigente, económica y políticamente poderosa.

Así, en el callejero de la capital aparecen nombres que recuerdan a masones ilustres: Antonio Machado, Vicente Blasco Ibáñez, Gregorio Marañón, Isaac Peral, Manuel Becerra, Meléndez Valdés, Ortega y Gasset, Ramón y Cajal, Tomás Bretón, Ventura de la Vega o Giner de los Ríos, entre otros muchos. Pero eso es el pasado.

¿Y  hoy? En la actualidad, los masones españoles “buscan un horizonte, el rastreo del lugar social que podrían ocupar, tras la persecución franquista, la diáspora y el exterminio. En la actualidad podríamos pensar que están sumidos en cierto paroxismo y ensimismamiento, por sus propios temores y recelos y la desconfianza que siguen despertando. En definitiva, aletargados en espera de tiempos mejores“,asegura Morales. Otro estudioso del tema, el periodista -y masón- Valentín Díaz, asegura que sus hermanos de todas las logias españolas han pasado “de la persecución a la irrelevancia”. En opinión de este ex-corresponsal de TVE, España “fue uno de los países europeos en los que mas tardó en asentarse la masonería y donde más ha sido perseguida y vilipendiada junto con Portugal”.

Y sin embargo, es curioso que España, y concretamente Madrid, albergara la primera logia en suelo no británico  que figura en los archivos de la Gran Logia de Inglaterra, la de mayor tradición en todo el mundo y una de las que goza de mayor influencia y peso. La fundó el Duque de Warton en la calle San Bernardo y fue reconocida por Londres en 1729. Sus andadura y su antiguo prestigio están recogidos, en parte, en esta colección de imágenes:

1.- Un parque ‘muy masón’ encima de la antigua estación de Delicias: Algunas partes del Parque Tierno Galván, cuya construcción se inició en 1986 en el barrio de Méndez Álvaro son claros símbolos arquitectónicos masónicos. Y quizá el auditorio, junto al acceso oeste al parque desde el Planetario, pueden ser los más sobresalientes. Todo es cuestión de proporción, dicen los expertos. El arquitecto que lo diseñó, Manuel Ayllón, puso especial cuidado en ello.

El historiador Arturo Sacristán, explicaba en ‘Nokton Magazine’ que Madrid estuvo lleno de huellas masonas, a la vista de todo el mundo, durante muchos años de persecución franquista. ¿Qué pasó? Que estaban protegidas por su simbolismo. Está por aclarar si Enrique Tierno Galván era masón, pero por deseo de su familia, su archivo personal con miles de documentos inéditos sobre su vida privada y su actividad política, están en la biblioteca pública Arús, fundada por los masones. Y Tierno “daba mucha importancia a los símbolos, y sabía trasladarlos a la política”, concluye Sacristán.

 

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Carta abierta de la Masonería a la Sociedad Española

Gran Logia de EspañaCarta abierta
a la Sociedad Española

La Gran Logia de España, ante los profundos problemas que actualmente nos aquejan como sociedad, desea dirigirse por vez primera en su historia y de forma excepcional a todos los ciudadanos.

Debemos reconocer, con humildad, que la Gran Logia de España ni tiene la capacidad ni le corresponde dar respuesta como institución a los problemas del país. La Masonería tiene como único objetivo el perfeccionamiento moral de sus integrantes. Las tradiciones ancestrales de las que somos custodios llevan a la persona que pasa por ellas a perseguir la pureza de su propia conducta. Nuestra aportación serena y profunda está donde siempre ha estado: en cada miembro de nuestra Orden que pisa la calle, pues reside en él y sólo en él la esperanza de una correcta interpretación de su compromiso masónico.

Si difundimos, como institución, por vez primera una carta abierta lo hacemos para compartir nuestra profunda preocupación ante dos cuestiones que afectan a la Sociedad Española y, en consecuencia, a todos los miembros de la Gran Logia de España.

La falta de honestidad

Creemos que la ausencia de valores está en la raíz de la situación que padecemos hoy día. No podemos buscar soluciones a la crisis únicamente en un ámbito técnico, desatendiendo el debate moral y ético que recupere los valores que nunca debieron perderse.

La Sociedad Española no puede permanecer por más tiempo callada frente a la actual crisis de valores individuales y colectivos. España necesita un compromiso en su vida pública, una reflexión real y profunda en torno a la honestidad, operadores económicos y políticos honrados, personas rectas que sientan entre sus valores primordiales la necesidad de perseguir un bien común imprescindible para la convivencia democrática y el normal funcionamiento de nuestras instituciones.

La Masonería Española invita especialmente a todos los españoles a responder desde la intransigencia a cualquier forma de corrupción, pues la tolerancia, esencia de la Masonería, no puede nunca ser practicada ante acciones que no sólo empobrecen las arcas públicas de todos, sino que generan un inmenso mar de desconfianza y recelo en la ciudadanía contra aquellas instituciones que son garantes de nuestra armonía social.

El sufrimiento de las personas

Nada de lo que concierne al ser humano es ajeno a la Masonería. Como institución decimos que es imposible ignorar el sufrimiento por más tiempo. El apoyo a los más débiles debe prevalecer ahora más que nunca en nuestro país. Es necesario volver a redescubrir la naturaleza del bien común frente a los desfavorecidos, obrar de acuerdo con los dictados de la conciencia, poner en práctica en cada acto cotidiano un ideal colectivo de Paz, Amor y Fraternidad. Por ello invitamos a todas las personas a actuar en su entorno más inmediato a favor de los más necesitados, porque lo contrario, sobrellevar el día a día sin sentirse vinculado con las víctimas que está generando la actual situación, destruye nuestra propia humanidad.

Está en la mano de todos nosotros responder juntos.

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¿Cuál es el significado de los símbolos masónicos?

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Artículo publicado en: ABC

La organización basa su método de aprendizaje en la interpretación de símbolos ya existentes que emplean para transmitir valores morales

El edificio de la Gran Logia de Madrid impone aún sin dar un solo paso al interior. La gran puerta plateada que no permite ver ni un resquicio del mundo masónico que se abre en la céntrica calle Juan Ramón Jiménez, consigue diferenciarse y llamar la atención pese a estar rodeada de hermosas y soberbias fachadas.

Solo con esperar unos minutos, recorrer la entrada con la mirada y comprobar cómo la pequeña cámara junto al timbre reconoce al visitante, es difícil no hacerse a la idea de que detrás de esas enormes puertas hay algo más que una simple vivienda.

Como si de una metáfora se tratara, el halo de misterio y grandeza que desprende la entrada se difumina al entrar al enorme recinto y se diluye la idea que se tiene de esta famosa y controvertida organización. Y es que la casa de los masones de Madrid es simple, al igual que sus objetivos, pese a que la historia se haya empeñado en creer lo contrario.

Al entrar, no hay masones con túnicas balbuceando algún conjuro, ni ningún espacio especialmente extraño. Y es que la masonería «no enseña a levitar», broma Javier Escalada, Gran Maestro Provincial de Madrid. Incluso, para dar alguna explicación referente a la organización usa el símil de «club de fútbol».

«Mejorar a las personas moralmente»

La masonería tiene un objetivo muy claro: «mejorar a las personas moralmente», señala el Gran Maestro. «Quien quiera buscar a Dios, tiene una iglesia católica, evangelista…quien quiera hacer caridad puede ir a Cáritas (aunque colaboramos con ellos) o a Cruz Roja…nosotros enseñamos un método para que las personas mejoren a través de la reflexión».

Los valores que defienden se plasman en diferentes símbolos. De hecho, el «método masónico» y lo que justifica que una persona decida formar parte de esta organización, consiste en un aprendizaje a través de «signos y no palabras, porque estas limitan».

La interpretación de símbolos ya existentes se utilizan para que cada masón haga una reflexión sobre los actos de su vida. Posiblemente, el más genérico es el de la escuadra y el compás invertido y la letra «G» en el medio. «Un escuadra es un ángulo recto, es rectitud, que nos lleva a preguntarnos si estamos siguiendo un camino recto o si habría que hacerlo de otra manera. También alude a marcar límites, como los marca el compás. Y la letra G alude al Gran Arquitecto del Universo». El Gran Arquitecto es el «Dios» de los masones. No se lo identifica con nadie, de hecho, «cada uno puede ponerle turbante, barba o lo que considere, para la logia es simplemente el arquitecto del universo», explica Escalada.

Sobre el símbolo se contruyen todas las logias. «Usamos signos basados en los constructores de catedrales». Cada logia tiene un nombre determinado, generalmente asociada a un valor (Fénix, Fraternidad Universal, Hermes, Luz Fraterna, Fénix, La Matritense, La Tolerancia…) y un «logo», es decir, un escudo con un símbolo, que es una alegoría.

Iniciarse en la masonería

¿Cómo se inicia una persona en la masonería?. El primer requisito es ser mayor de edad pero además, hay «requisitos de coletilla, es decir, ser una persona de buenas costumbres». Para saberlo, se hace una entrevista, «como si fuera de trabajo» , y se le pregunta al iniciado qué hace, de qué trabaja, incluso cómo se lleva con su mujer o si ha tenido problemas con la justicia.

En el rito de iniciación la persona que quiere ser masón llega con los ojos vendados y hace un juramento para guardar secreto y se le invita a usar determinados valores.

Además, debe quitarse lo metales profanos (anillos, collares, etc). Esto tiene una explicación: «Todo lo que soy lo dejo atrás, dejo afuera mis prejuicios, todo fuera del templo», explica Escalada.

Cámara de la reflexión

Por otro lado, también hay una habitación de la reflexión, que forma parte de rito de algunas logias (siete en total), en las que el iniciado se encierra en una sala muy pequeña, casi a oscuras. «Es una especie de cueva, gruta o lugar oscuro que representa el vientre de la madre en la oscuridad para volver a salir, porque la iniciación supone morir como profano para nacer como masón», explica el Gran Maestro.

Además, en el suelo hay arena para simbolizar la gruta, un esqueleto de plástico, una mesa pequeña con velas, azufre, sal, agua… elementos alquímicos para que los iniciados escriban qué significan. Se hace un testamento masónico en el que se pregunta qué le debe a Dios, a la sociedad y a uno mismo.

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Cámara de reflexión

El día a día de un masón es igual al de cualquier persona. «Se hacen tenidas (reuniones) dos veces al mes con todos los miembros de la logia con un ritual (mandiles, etc) y además, hay un taller de formación, un día adicional al mes para hacer una reflexión escrita sobre por ejemplo, la rectitud, siempre en un contexto de moral o de actitud frente a la vida». Eso sí, está «prohibido hablar de religión o política, sobre todo para evitar discusiones».

Las «tenidas»

En las tenidas o reuniones se reúne la logia y los miembros ocupan un sitio en función de su jerarquía: los aprendices se sientan a la izquierda, los compañeros a la derecha y el Maestro en el centro.

Todos deben ir vestidos con traje oscuro, camisa blanca y corbata negra. Las salas están cargadas de simbología: escudos de otras logias, en el suelo un damero en blanco y negro, que alude a la dualidad de mujer-hombre, malo-bueno o equilibrio entre colores, o una espada para los actos de Gran Logia. «Uno de los oficios es el guardatemplo: Cuando se realiza la tenida hay un hermano con una espada que simboliza que nos protege del mundo exterior».

También existen signos y palabras que identifican a un masón de un profano y que se usan en las reuniones. Algunos son específicos para cada uno de los tres grados de masonería: Aprendiz, Compañero y Maestro.

Después de las tenidas hay un brindis (ágape) y se brinda primero por El Rey, segundo por todos los jefes que protegen la masonería y tercero, por el Gran Maestro.

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Signos que se realizan durante las tenidas para identificar a aprendices (primera figura), compañeros (segunda) y maestros (tercera)

Los «toques»

Los «toques» son señales de reconocimiento sobre todo en el exterior que se hacen habitualmente al darse las manos, y que permiten reconocerse entre masones. Como ellos dicen: «nos permiten reconocernos de día y de noche, sin necesidad de intercambiar palabra alguna».

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Las manos y los dedos se colocan de determinada forma para identificar la categoría.

«Decir que eres masón es un problema»

La masonería como se la conoce actualmente, la especulativa, nace en 1717, y se caracteriza por la reflexión sobre la acción. Surgió después de la operativa, que «eran los que picaban la piedra, los constructores». Así, fueron surgiendo tendencias y la masonería cumple una función diferente en cada país. Pero en el caso de España un capítulo ha impedido que la organización sea vista con la normalidad de otros países como Estados Unidos, Chile o Argentina. «El problema que hemos tenido aquí ha sido la dictadura. En la puerta tenemos una pintada que dice: “masones rojos y Viva Franco”», lamenta Escalada. «Decir que eres masón es un problema en algunos ámbitos».

Aunque en España el número se mantiene estable: hay 4.000 masones en nuestro país, de los que 2.700 pertenecen a la Gran Logia de España (hay que tener en cuenta que hay otras logias, incluso, las que solo agrupan a mujeres).

Secretismo

Otra cuestión es el secretismo del que se les acusa. «A mí me encantaría ver la reunión de la junta directiva del Santander o un Consejor de Ministros. Aquí hay reuniones que no son abiertas porque si se hace una reflexión sobre un sentimiento íntimo le tengo que proteger», justifica Escalada.

En cuanto a los miembros, siempre ha habido mitos sobre políticos que podían serlo. «Desde luego, ningún expresidente de España de la democracia es masón. No hay tampoco ningún diputado y senador actualmente. En este país no es habitual», asegura el Gran Maestro. «Lo que sí hay es dentistas, médicos, pequeños empresarios, informáticos, había un albañil hasta hace cuatro meses, policías, militares y sí, políticos pero a nivel minicipal y regional».

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La Real Academia enmienda la definición de la Masonería

masonería RAELa Real Academia Española de la Lengua ha publicado la 23ª edición de su Diccionario, en el que ha enmendado la definición de la voz Masonería recogiendo por primera vez aspectos tan relevantes de su identidad como su vocación universal, su carácter iniciático, la búsqueda del conocimiento de uno mismo a través del librepensamiento y el sentimiento fraternal de los masones hacia todos los seres humanos. Además, el diccionario ha dejado de definir a la Masonería como una “asociación secreta”, cuya existencia está expresamente prohibida por la Constitución Española de 1978.

La Real Academia publicó la primera edición del Diccionario de la Lengua Española en 1780, pero la Masonería no fue definida hasta la novena edición de 1843, como “asociación clandestina, en que se usan varios símbolos tomados de la albañilería, como escuadras, niveles, etc”. La definición permaneció inalterada hasta 1925, cuando la palabra “clandestina” se sustituyó por “secreta”, reforzando la idea de su carácter ilícito.

En 1984, ya en democracia, la Real Academia generó una nueva definición: “asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias”. La definición perseveraba en el supuesto carácter secreto de la Masonería, aunque cuatro años antes de su publicación el Registro de Asociaciones del Ministerio del lnterior había procedido a la inscripción pública de la Gran Logia de España con el número 37.256. La aprobación de la Constitución había reconocido el derecho de asociación, generando un marco democrático que ampara y protege la actividad pública de la Masonería al servicio de la sociedad.

La definición recogida por nuevo Diccionario de la Lengua Española define a la Masonería como una “Asociación universalmente extendida, originariamente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico”.

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Los masones “siempre hemos formado a las personas para ser mejores”

El diputado gran maestro de la Gran Logia de España ha iniciado un ciclo de conferencias sobre la historia de la masonería en España, país en el que cuenta con menor presencia pública que en Europa y América.

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Enrique Cervantes

 En su intervención, Enrique Cervantes Vargas ha asegurado que los masones “cada vez son menos desconocidos”, si bien en América su presencia pública es frecuente, a diferencia de España, donde estuvo duramente perseguida por la dictadura franquista.

Pero la persecución ha estado muchas veces presente en la historia “dura” de este colectivo, por lo que esto les ha provocado a verlos con “misterio”.

Por eso considera normal, sobre todo remontando en la historia, “por haber hablado, por ejemplo, de igualdad o de libertad de conciencia en 1700″.

En la actualidad y de cara al futuro, Cervantes habla del propósito de “crear valores objetivos, porque son más necesarios que nunca”. “Lo que hemos siempre es formar a las personas a ser mejores con principios éticos y morales”, ha afirmado.

Con la conferencia ‘La masonería, escuela de formación humana. Pasado, presente y futuro de la masonería española”, se inició el viernes el ciclo de conferencias sobre masonería y librepensamiento, organizado por la asociación cultural Ávila Abierta.

Para el viernes 26 está anunciada la intervención de Jesús Soriano Carrillo, doctor en Ciencias Geológicas y soberano gran comendador del Supremo Consejo del Grado 33, que hablará sobre ‘La masonería filosófica y los derechos y libertades del ciudadano’; mientras que el 3 de octubre 3 acudirá Pedro Álvarez Lázaro, sacerdote jesuita, catedrático de Historia de la Universidad Pontificia de Comillas y miembro de la Real Academia de la Historia, quien titula su intervención ‘Masonería e Iglesia Católica. Génesis y desarrollo de un conflicto inacabado’ (Palacio de los Serrano, 20 horas).

 

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Fuente: Avilared

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Masones: viaje a los secretos de la Gran Logia

ABC acude a su sede en Madrid y descubre los lugares, ritos y simbolos de esta enigmática hermandad, todavía activa pero «con menos influencia»

Son cerca de 400, distribuidos en 18 congregaciones diferentes y todos celebran sus misteriosas reuniones en la sede de la Gran Logia, ubicada en calle de Juan Ramón Jiménez. Pese a no tener tantos miembros y probablemente tampoco tanta influencia como en otros países u otras épocas, la hermandad de los masones continúa muy activa en Madrid.

A pesar de los intentos de apertura efectuados en los últimos tiempos, un halo de misterio sigue rodeando a esta organización. Frente a las acusaciones de tener oscuros objetivos de poder, su líder en Madrid, Javier Escalada, defiende que se trata de una «escuela de perfeccionamiento personal» para personas con inquietudes, un lugar en el que aprender y debatir sobre valores como la libertad, la igualdad, la tolerancia o la solidaridad.

Según se recoge en su web, el acceso está abierto a todo varón mayor de 21 años que reúna tres requisitos: ser libre, tener buenas costumbres y creer en la existencia de un Dios o principio superior. En función del carácter del solicitante, este es asignado a una de las 18 logias agrupadas en la Gran Logia de Madrid. Cada una de ellas tiene su propio estandarte y se diferencian fundamentalmente por los horarios de reunión, sus objetos de estudio y los ritos que practican.

Antes de completar su ingreso, los candidatos deben cumplir con el ritual de iniciación, el momento en el que «mueres como profano y naces como masón». Desde la Logia intentan mantener el contenido de este ritual en secreto, para que la impresión sea mayor, pero se conocen algunos detalles. Los iniciados suelen entrar en la habitación semioscura donde están congregados sus compañeros, con los ojos tapados, un hombro descubierto, una manga subida, un pie en una zapatilla y una soga anudada en torno a la cabeza. A continuación, se ejecutan una serie de movimientos y ritos de iniciación. Uno de los más llamativos consiste en encerrarlos en una cámara oscura con un esqueleto de plástico, un gallo disecado, agua y azufre, para que escriban sus reflexiones.

Amuletos y música

En las «tenidas» o reuniones, cada logia celebra sus propios ritos, un complejo conjunto de símbolos, lecturas y ceremonias estructurados en torno a un mismo tema o lección moral. Todos los miembros van vestidos con traje negro, camisa blanca y corbata, aunque en ocasiones también llevan amuletos, guantes y mandiles. Normalmente se suele poner música clásica de fondo, aunque una de las logias prefiere oír Pink Floyd. El rito está presidido desde el llamado «Trono del Rey Salomón» por el Venerable, único que conoce íntegramente el contenido de la ceremonia.

Los masones se dividen en tres categorías: Aprendices, Compañeros y Maestros. Los Vigilantes son los encargados de tutelar la formación de los miembros, que estudian temas de filosofía, historia, alquimia, religión, cábala, arquitectura o los propios ritos masónicos. Para cambiar de categoría, se deben someter a una especie de exámenes, una ceremonia en la cual se le hacen preguntas sobre los símbolos y el funcionamiento de la masonería. En las «tenidas», los Aprendices se sientan siempre en el Norte (el lugar más alejado de la luz), los Compañeros en el Sur y los Maestros en el Oeste.

Los Aprendices son también los encargados tanto de preparar la ceremonia como de servir los ágapes que siempre se celebran tras las mismas. En ellos, los miembros de la logia hablan libremente de cualquier tema, con la excepción de política y religión. Además, la Logia organiza otras actividades como charlas, fiestas, acampadas o incluso concentraciones moteras.

Aunque se conocen entre ellos, los masones se comprometen a no revelar la identidad de sus hermanos. Se trata, sostienen, de una decisión individual de cada cual. Debido a la mala fama de la que gozan en España —a diferencia de otros países como Estados Unidos, Francia o Inglaterra—, fomentada por el Franquismo, la mayoría prefiere mantenerlo en secreto.

Por tanto, resulta complicado saber quién es masón hoy en día. Según su presidente en Madrid, Javier Escalada, hay gente de profesiones muy diversas, incluso parados, pero los más habituales son «pequeños y medianos empresarios». Respecto a su influencia, sostiene, es «diferente y menos evidente» que en épocas anteriores. «Tenemos menos poder que hace un siglo», concluye.

Fuente: ABC

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La masonería que vuelve, o tal vez nunca se fue

EL DÍA asistió a la recreación de la “tenida” de la Logia Nuevo Mundo 88, la más importante de Tenerife, por el rito escocés antiguo aceptado.

J.D. Méndez

Ni batas o capuchas negras, ni enormes medallones con simbología esotérica, ni señas o señales secretas, ni soniquete siniestro de fondo con voces de monasterio gregoriano. “Y los niños crudos, nos los comemos ahora, después del ritual”, señala divertido el Venerable Gran Maestro que acaba de presidir la recreación de una “tenida” de la Logia Nuevo Mundo 88, fundada en 1996, y la más importante y numerosa (sin concretar cuántos miembros tiene) de habla hispana en la Isla. EL DÍA tuvo acceso a una reunión para desmontar mitos sobre los masones y la masonería. Entre ellos, la supuesta imagen recurrente por la “leyenda negra que durante 40 años inoculó en la sociedad española la Dictadura franquista” o el secretismo. “Más que secretos, somos discretos”, apuntan como premisa.

La cita, concertada previamente, se desarrolla en un punto del área metropolitana de Tenerife. Tras seguir a un vehículo se accede a un barrio, como tantos otros, de casas terreras. Una de ellas, sin ningún signo externo, es el Templo, la Logia como también se denomina a “la célula masónica”.

La primera sensación es de sorpresa porque entre la decena de personas que espera hay rostros conocidos, del ámbito público y del privado. La mayoría desarrolla profesiones liberales, aunque insisten en que “cualquiera, desde un obrero a un catedrático de universidad puede ser masón”.

Lo segundo que impresiona es el orden y la limpieza, casi obsesivos, de un inmueble “donado por varios hermanos (como se llaman entre ellos)”. Mientras se preparan para el rito, el Segundo Vigilante instruye al profano: “En la masonería hay 33 grados que se van superando, previa decisión de un tribunal. Los tres primeros estudian el simbolismo (Gran Logia de España, por ejemplo) y del 4 al 33 el filosofismo. Aquí mismo hay un grado 33; yo soy un 24 y la primera prueba a superar es la paciencia”. De entrada.

Al bajar las escaleras hacia el sótano, la atmósfera se hace un poco más inquietante. La media luz o el uso progresivo de velas son herramientas para crear ese ambiente especial. Pero no es más que eso, parte del ritual. O no.

Sobre la puerta de la sala de “tenidas”, las letras SFU, el lema de la Logia, “Salud, fuerza y Unión”, y el de la Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. A la entrada, dos piedras, una basta por moldear y otra cúbica, con el sentido de la búsqueda de la perfección. Los hermanos, de etiqueta, se colocan collares y mandiles. Y entonces, de repente, se cierran las puertas.

Al entrar a la sala llama la atención, a la izquierda, una pequeña estancia en penumbra. En su interior, una serie de símbolos, entre ellos una calavera. Es la Cámara de Reflexión. La pregunta: ¿cuánto tiempo se pasa aquí dentro? Y la respuesta: “Depende. Hay quien está diez minutos y otros seis horas; lo que sea necesario”. Aunque “ya no es como antes cuando eran días”.

La imagen no es la que divulgó el nacional-catolicismo franquista como estereotipo, pero sí hay una escenografía que reproduce el mismo ritual desde hace 150 años y este escenario rectangular “es igual al de cualquier templo del mundo, incluido el de la calle San Lucas en Santa Cruz”. Eso en caso de seguir el rito escocés antiguo y aceptado, el de Nuevo Mundo 88, cuyo estandarte aparece en un lateral. Hay otros ritos entre los más de seis millones de masones.

Las doce columnas, las paredes decoradas de rojo, el techo con la bóveda celeste en la hora cero del año cero, el piso en damero blanco y negro… Nada es casual. Con tres símbolos fundamentales, las “tres grandes luces”: el Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás. Igual que la distribución de los hermanos (con inmaculados guantes blancos), ubicados alrededor del visitante que queda en el centro expuesto cual inocente diana (piensa él). Al fondo, el Venerable Maestro se intuye detrás de un candelabro de siete brazos, sentado justo debajo del “Ojo que todo lo ve”, la representación del Gran Arquitecto del Universo en el que todo masón cree con el sentido de Ser Supremo, Dios, la Idea o los aspectos metafísicos de la existencia. En posiciones estratégicas, el Primer y el Segundo Vigilante con los mandiles y collares que, según sus formas y colores, les categorizan. También a los aprendices y compañeros, situados a los lados de la sala.

Tres contundentes golpes de mazo desde tres puntos diferentes anuncian que empieza la “tenida”. El visitante pregunta a partir de ahí y casi siempre obtiene respuestas. Desde los orígenes -relacionados con los antiguos gremios de albañiles, “constructores de las grandes catedrales”- a la situación en el franquismo con el archiconocido argumento del contubernio judeomasónico-comunista presente.

Un hermano cuenta una anécdota de la base de Torrejón (Estados Unidos tiene una amplia tradición masónica desde Franklin): “Era una isla de libertad para los masones españoles, pero los yanquis, furibundos anticomunistas, no entendían lo del contubernio. No cabía en su cabeza”. El rechazo a la entrada de Franco en la masonería fue valorado como una de las causas de la cruzada del régimen. Pero también el concepto “revolucionario” de la igualdad de los hombres, como en la enseñanza, donde Giner de los Ríos, masón, creó la Institución Libre en la II República con base en el krausimo.

 

La lista de masones es amplia: Ortega y Gasset, Ramón y Cajal, Gregorio Marañón, Isaac Peral… “Hombres libres, de buen carácter, de buena reputación y de buenas costumbres”, condiciones indispensables para ser masón.

En tono distendido, ya en el piso de arriba, la conversación deriva hacia qué es y qué no es la masonería; las razones para ser masón; las mujeres (que las hay) en la masonería; la prohibición de debates políticos o religiosos, aunque cada uno tenga su ideología, o la aportación de la música mozartiana. Y unos valores de solidaridad, libertad de expresión, “un estilo de vida”. No una secta porque “no admite dogmas y los miembros se pueden ir cuando quieran”.

Apenas es una aproximación a un mundo desconocido y con áurea de misterioso. Si quiere saber algo más contacte con la página web nuevomundo88.es porque “aquí no hay secretos”. ¿Usted quiere ser masón? No tiene más que pedirlo. Otra cosa es que lo consiga.

Simbología. Todo tiene un sentido en la disposición y elementos de la “tenida”: 12 columnas, techo con la bóveda celeste en el año cero a la hora cero, piso en damero o situación de los hermanos. Al final, manos entrelazadas y grito del lema: “Salud, fuerza y unión”.

Más símbolos. Mandiles y collares, según categorías de los hermanos; elementos inquietantes de la Cámara de Reflexión y representación del “ojo que todo lo ve”.

 

Fuente: eldia

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